
Habana 1995
La tarde se escapa de las manos que construyen un sigilio
evoca un malecón abierto destruyendo la distancia,
sembrando entre sal y agua una espiga de esperanza.
Recorro la calle abierta de lo que fuera mi casa
y un aroma de café se confunde entre sonrisas.
Sé que no hay pan para mañana, ni luz que ilumine mi farola.
Sé que el bar de la antigua esquina estará cerrado a mi bolsillo.
Pero hay historia germinando en cada cara.
Música bailable pedaleando entre los pies.
Hay un hombre sin camisa rebuscando en la ceniza
y una mulata de cobre desplegando los tambores.
Pedro Pablo Pérez Santiesteban
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